¿Había dicho lo bueno que es estar en el norte otra vez?

Nota aclaratoria: Este artículo no pretende generar racismo, odio, ni es una rabieta en contra de una ciudad en la cuál viví por casi seis meses. Este artículo expresa mi opinión a a base de mi experiencia. Si eres del tipo de persona que no gusta de evaluar opiniones ajenas a la suya, no leas éste artículo y da click aquí 🙂

Ahora sí, empecemos.

Corría el año 2012, yo estaba en mi estado natal; quizá hayan escuchado de mi estado, se hizo realmente famoso del 2008 a la fecha porqué hasta hace poco en dicho estado se ubica (o ubicaba) la ciudad “más peligrosa del mundo”.

Su servidor, siendo un casi recién egresado, joven y con a penas oportunidades laborales que podemos considerar interesantes, pues buscaba en la red lugares en donde trabajar, fuera de mi hermosa ciudad (aunque ahora sé que mi “ciudad” es más bien un pueblo pavimentado :p -y sin desprecio, créanme, yo sería feliz de volver a casa; aunque no estoy precisamente triste por estar lejos :D).

Encontré varios lugares interesantes en donde laborar, pasando por empresas en: Guadalajara, Colima, en mis navegadas por la internet me encontré también con alguna oportunidad en Madrid… vamos, un joven con ganas de comerse al mundo.

Finalmente encontré que una gran empresa (que de verdad, con todo y que ya no laboro ahí, si que es una gran empresa) tenía sedes en varias partes del mundo. En México tenía oficinas/plantas en: Ensenada, Monterrey, Aguascalientes y Guadalajara (ordenado de Norte a Sur). Con mis esperanzas en mejorar mi situación profesional (entre otras cosas), decidí mandar mi CV por internet, total, no perdía nada y si me llamaban, genial.

Al poco tiempo me marcan directamente a mi móvil, una lada 646, y empieza mi reclutación. Una entrevista con la amable persona de recursos humanos (claro, ella también es del norte ;D), en donde me pregunta lo básico de toda entrevista: “¿en dónde te ves dentro de 5 años?, ¿cuál te gustase que fuese tu salario?, ¿porqué tú y no alguien más?”. Pasé dicha entrevista y me comentó que me enlazaría con quién -en ese momento- podría ser mi jefe, sería una entrevista técnica; la cual pasé y al final una entrevista en inglés, en la qué tampoco tuve mayores problemas. La última entrevista fue llevada a cabo un Viernes, mi sorpresa fue que para el Lunes ya me habían enviado una propuesta económica, y el resto es historia, camino a Ensenada pensaba yo, mi gran sorpresa fue cuando la chica de recursos humanos me dice: “Tenemos que poner bien tu vuelo a Aguascalientes, estan los siguientes horarios”. Con la mejor de las intenciones me dije: “Yo esperaba Ensenada, pero es Aguascalientes, está bien igual es experiencia.”

Y comenzó la aventura. Yo no tenía ni un solo conocido en dichas tierras del bajío, nadie, era [momento de cliché presenta] “sólo yo contra el mundo”. En todos lados había leído que Aguascalientes era una ciudad muy bonita, bien trazada (esto es una completa mentira, hasta Monterrey es una ciudad mejor trazada), con gente amable; en fin. Iba con mi actitud al 100.

Llego a Aguascalientes, y la empresa nos ofrece una habitación por 15 días en lo que conseguimos un lugar para nosotros. Me recibe un tipo, muy amable foráneo que venía de Reynosa. Más tarde llega otro tipo bastante agradable también, él era de León. Al día siguiente llega un tipo del D.F. bastante amable también. Y a los pocos días, otro tipo de Guadalajara que también, era de sangre ligera.

Mi primer día de trabajo fue bastante raro. En mi ciudad, había trabajado para varias empresas y en todas, tus colegas cuando menos te estiraban la mano y te recibían con una sonrisa diciendo: “Bienvenido”. Acá en esta ciudad te veían raro (bastante raro) y a penas me preguntaron mi nombre, y cómo buen norteño con mi acento al 100 dije mi nombre, y ya con eso, parecía que les había ofendido, a partir de ahí, bastante cortantes todos (salvo la gente de fuera, bueno, excepto un tipo de Zacatecas, pero él era así, la gente de Zacatecas en general me ha tratado muy bien). Bueno, yo iba a trabajar y pues a conocer otras gentes, en ese momento lo único que pensé fue que la gente del trabajo era así, pero que la gente de la ciudad no lo sería.

Por necesidad, llegué a una tienda y, al pagar dije con mi acento: “Buenos días”, cómo toda persona que tiene un poco de educación. Escuchaban mi acento y se notaba bastante la diferencia de trato (y no estoy hablando de tiendas pequeñas en las colonias, hablo de establecimientos cómo Wal Mart, Soriana, etc.; aunque en las tiendas pequeñas era aún peor).

En fin a todo lugar donde iba por mi acento ya me trataban de manera… digamos peculiar. Al tratar con gente de tantos lados (la empresa en donde trabajaba dice tener 70% de foráneos y 30% de locales en todas sus sedes), mi acento se “neutralizó” y ya la gente me hablaba bien a donde iba, pero siempre en los bares/antros al ver que se me salía algún que otro “norteñismo”, me preguntaban: “¿de dónde eres?”, y yo, orgulloso de la tierra que me vio nacer, orgulloso de mi gente y de mi familia nunca dudaba en responder: “Del mero Chihuahua”, automáticamente por responder eso la gente ya no te trataba tan bien e incluso mucha gente me cortaba la conversación de manera tajante. De hecho intenté tanto que lo vi cómo una oportunidad de pasar tiempo conmigo mismo o de simplemente, ser más “del sindicato de exiliados”, y comencé a hablar con gente de otras partes, conocí gente incluso de Croacia, Irlanda, hasta un tipo de Liechtenstein; sin incluir a todos los foráneos que conocía tanto dentro cómo fuera de la empresa, en donde figuran gente de Puebla, Zacatecas, Sinaloa, Sonora y otras partes; y de ahí hice mi “principal” círculo de amistades en Aguascalientes, y el triste comentario de todos ellos era: “Para los hidrocálidos, los de fuera somos cómo leprosos”.

En dónde trabajaba, tuve un colega de trabajo, al cual ahora considero mi amigo, él fue el único hidrocálido que desde el día 0 trató de ser amable, anfitrión. Simplemente hice buena amistad.

Después de los meses pasados allá, simplemente me cansé de la gente, de cómo pensaban, de lo cerrados que eran, y de en muchos casos, lo cortos de visión que eran, así cómo del conformismo de la gente. También me cansé de lo cara que era la vida, según todos los indicadores, Aguascalientes es un buen lugar para vivir (próspero, muy barato, con salarios buenos); sin embargo gasto menos en Monterrey y eso que en Monterrey me he dado más lujos, pero me queda para ahorrar un poco. Y la cosa que derramó el vaso, fue la comida, jejeje. Vamos, que allá consideran antinatural comer carne, si a esto agregamos que tanto la carne cómo el queso son verdaderamente malos (y parece que hasta esfuerzo ponen en ello), mis opciones eran más bien pocas.

Luego de la temporada navideña, me contactan de una empresa en Monterrey, lugar del cual había escuchado cosas cómo que la gente era muy pesada, presumida, ostentosa y todo lo que se puedan imaginar. En este lugar llevo a penas unos meses y eso me hace decir: “Gracias a Dios regresé al norte”. Con la gente del trabajo me llevo bastante bien, el que llega saluda a los que estamos presentes. Y por si fuera poco, hay para hacer muchas cosas cómo conciertos, presentaciones de arte, bares (a pesar de que el legendario barrio antiguo está volviendo a comenzar), hay cerros que subir y simplemente naturaleza que contemplar.

En fin, simplemente me siento cómo en casa. ¿Volvería a trabajar para la otra empresa? Yo diría que sí, mi única condición no en Aguascalientes.

Espero no haber ofendido a nadie, y ya saben que este espacio es abierto a replica, a penas me dé cuenta de su comentario y lo apruebo (bueno, de tener maldiciones las eliminaré y sustituiré por palabras más llevaderas).

Saludos.